Bryn Mawr Classical Review

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Bryn Mawr Classical Review 2017.02.05

Michel Casevitz, Anne Jacquemin, Diodore de Sicile: Bibliothèque historique. Tome V, Livre V, Livre des Îles. Collection des universités de France. Série grecque, 516​.   Paris:  Les Belles Lettres, 2015.  Pp. xlix, 375.  ISBN 9782251006000.  €63.00 (pb).  


Reviewed by Minerva Alganza Roldán​, Universidad de Granada (malganza@ugr.es)

Han transcurrido más de cuatro décadas desde que un equipo de estudiosos franceses, comandados por el difunto François Chamoux, emprendiera la edición bilingüe de la Biblioteca histórica en la Collection Budé.1 Las sucesivas entregas han marcado hitos importantes en los estudios sobre Diodoro, al facilitar textos y versiones fiables, realizados con criterios filológicos e historiográficos modernos, y por la nueva perspectiva crítica alentada por Chamoux y sus colaboradores, que se plasma tanto en la Introducciones de la CUF como en publicaciones nacidas al hilo de la edición. Al redactar esta reseña faltan por aparecer los tomos IV y VIII (libros IV y XIII), que contienen, respectivamente, los mitos de los griegos sobre el periodo anterior a la guerra de Troya y la historia de la ecúmene entre 415-414 y 405-404, es decir, los años finales de la guerra del Peloponeso.2

Anne Jacquemin, autora de la Introducción, del Comentario y de los índices, comienza resaltando cómo la transmisión del texto por péntadas otorga al libro V una posición liminar entre la sección mito-histórica, que en el plan original de la obra cerraba el libro VI, y la historia propiamente dicha en cuanto sujeta a la cronología. Otra peculiaridad de este libro es su carácter monográfico, señalado por el propio autor al denominarlo “libro de las islas”; de hecho, se trata del único ejemplar conservado de “Nesiotiká”, un género donde se mezclaban literatura utópica, mitología y paradoxografía, con precedentes en Homero y cuyo apogeo se sitúa en el siglo III a. C., en las obras de Calímaco y Filostéfano de Cirene. Diodoro, por su parte, en el proemio invoca la autoridad de Éforo, quien había organizado cada libro en torno a un asunto. No obstante, como advierte Jacquemin, 17 de los 84 capítulos transcurren en territorios no insulares.

La narración se inicia en Sicilia, estableciendo un vínculo de continuidad con el libro precedente, cuyos capítulos finales estaban dedicados a cuatro héroes sicilianos (Aristeo, Érix, Dafnis y Orión); además, Heracles, el gran protagonista del libro IV, también es mencionado en varios pasajes del V. Sin embargo, el ensamblaje con el libro VI resulta difícil de determinar debido a su estado fragmentario. El recorrido por el Mediterráneo y territorios adyacentes se organiza en tres bloques: el primero, abarca las islas bien conocidas, el segundo, las del Océano habitadas por bárbaros y el tercero, aquellas conocidas por referencias y descritas en los relatos utópicos. El historiador utiliza modos de representación distintos: mientras en el ámbito egeo centra la atención en la eponimia, las fundaciones y la tradición mitológica, en el resto predominan la información geográfica, la etnografía y, en ciertos casos, la relación con las migraciones griegas.

Tras ocuparse de la datación, Jacquemin precisa sus características: es un libro “nesiótico”, no un periplo, con continuas rupturas cronológicas y saltos en el espacio; a diferencia de los libros I-IV ninguna figura juega el papel de “héroe civilizador” y los dioses por lo general están ausentes en los relatos etiológicos; la perspectiva sobre los pueblos bárbaros no resulta muy diferente a la adoptada por Heródoto al tratar sobre los egipcios, los tracios o los escitas; y, en fin, las migraciones y los procesos de colonización funcionan como “anclaje cronológico”.

En el epígrafe dedicado a la mitología Jacquemin subraya la relevancia adquirida por los dioses en los capítulos sobre Panquea (XLII-XLVI) y, en especial, los de Creta (LXIV-LXXX) para cuyo panteón el libro V equivaldría a la Teogonía de Hesíodo respecto al griego. En ambos casos, se interpretan con una perspectiva evemerista, lo que facilita la inserción de los mitos en la historia. En el apartado siguiente, dedicado a la etnografía de los bárbaros occidentales, se detecta la influencia de Posidonio, Tucídides, Heródoto, Homero y Hesíodo. Al igual que en Homero y Tucídides, los bárbaros son presentados como “hombres de otro tiempo”, entre los cuales hay modelos y anti-modelos de virtud para los griegos.

Basándose en Jacoby, Jacquemin considera que en libro V Diodoro habría seguido muy de cerca a sus fuentes, entre las que destaca: sobre Sicilia, a Timeo, Filisto y otros historiadores sicilianos; Posidonio para los pueblos bárbaros occidentales; Filarco, en el caso de los etruscos. De Evémero procede la descripción de Panquea; y respecto a Creta, Diodoro cita a Dosiades, Sosícrates, Laosténides y Epiménides, además de a Éforo. La originalidad del historiador siciliano radicaría en la construcción del relato utilizando el mar como hilo conductor, el interés por las noticias geográficas y etnográficas, la perspectiva enciclopédica, la inclusión de la mitología como fuente histórica y su simpatía hacia los pueblos bárbaros. En conclusión, Diodoro se podría considerar “el hermano de Heródoto, Piteas, de Posidonio aunque haya visitado menos tierras extranjeras” (p. XXXI).

La segunda parte de la Introducción, dedicada a los manuscritos, corre a cargo de Michel Casevitz, al igual que la edición del texto griego, la traducción y las notas filológicas del Comentario. Para la transmisión de la Biblioteca histórica, a nivel general y, en particular, para los libros I-V se remite a la exposición de Bertrac en el volumen I de la CUFa (pp. LXXVII ss.). Respecto al libro V, Casevitz menciona cinco manuscritos principales, ninguno anterior al siglo X y derivados de un solo arquetipo, de los cuales identifica los cuatro en que se funda el establecimiento del texto: Neapolitanus suppl. gr. 4 (Dª), Vaticanus gr. 130(C), Vaticanus gr. 996 (V) y Laurentianus. 70, 1 (L), con sus correspondientes apógrafos. Además, en el aparato crítico se recogen lecturas de la traducción latina de Poggio Bracciolini (1472), así como de las ediciones históricas: la princeps de Estienne (1559), las de Rhodoman (1604) y Wesseling (1745), las cuatro de Dindorf (1826-1866) y las teubnerianas de Bekker (1853) y Vogel (1888).

Casevitz no realiza balance alguno sobre las novedades de esta edición respecto a las anteriores, en particular, la de Vogel-Fischer (Leipzig: Teubner, 1888-1906), base de las traducciones modernas, entre ellas, la bilingüe dirigida por Oldfather en la Loeb. Respecto a las notas filológicas insertas en el Comentario, se discuten lecturas e intervenciones de editores en los siguientes pasajes: I, 5; I, 10 (p. 113), III, 3 (p. 123); XXXI, 2 (p. 200); XXXII, 1 (p. 203); LII, 2 (p. 267); LV, 1 (p. 275); LXVI, 1 (p. 308); LXXIII, 7 (p. 328); LXXIX, 2 (p. 346).

En conjunto, las 50 páginas de la Introducción ofrecen un panorama general, sin discusiones críticas y con pocas novedades. Los comentarios de mayor enjundia, las referencias cruzadas con otros pasajes de la Biblioteca, los lugares paralelos, la información sobre realia, geografía, historia o literatura, así como las interpretaciones se encuentran diseminados por las 245 páginas del “Comentario”. También son breves y escasas las notas a pie de página en la Introducción, algo bastante inusual en las ediciones de la CUF, incluyendo los anteriores tomos de Diodoro. La ausencia de notas resulta aún más llamativa en la traducción francesa enfrentada al texto, limitándose a identificar las citas poéticas de Homero (p. 5), Cárcino (p. 9), Hesíodo (p. 88) y, otra vez, Homero (p. 91).

No se capta el significado y alcance de la Bibliografía que cierra la Introducción (p. XLI-XLVIII) puesto que no contiene todas las referencias del volumen, pero tampoco de este apartado. Así, autores citados en la Introducción no aparecen en el listado: Ceccarelli (p. X, n. 2; p. XVIII, n. 13), Gabba (p. XI, n. 5), Kowalski (p. XIII, n. 8), Sartori (p. XIX, n. 14), Sacks (XX, n. 15), Goukowsky (p. XX, n. 16), dos trabajos de la propia Jacquemin (p. XXVI, n. 20 y p. XXVII, n. 21), Bertrac (p. XXXIII, n. 2), Pepink (p. XXXIV, n. 6), Cohen-Skalli, Marcotte (p. XXXVII, n. 12). De Prontera se recoge el artículo de la RE (1993), citado en la nota 6 (p. XII), pero no el referido en la 1 (p. X); de Malkin, en la Introducción aparece A Small Greek World (p. XVII, n. 12) y en la Bibliografía, Ancient Perception of Greek Ethnicity…).

En la lista de los editores es nombrado “Ramus, P (= Pierre de la Ramée)” (p. XL), sin que haya entrada para el nombre vernáculo ni identificación de la obra. Leyendo el comentario, se averigua que Rhodoman proponía una lectura apoyándose en este erudito (p. 200, XXXI, 2). Por otra parte, las ediciones de Bekker y Wesseling llevan el título parcial o totalmente escrito en redonda y no en cursiva (p. XXXIX; p. LX); y en la edición de Estienne hay una errata: “Diadori (sic) Siculi bibliothecae historiae… (p. XXXIX).

No es este el único gazapo tipográfico detectado (cf. “Ceccarrelli” por “Ceccarelli” : p. XVIII, n. 13; “LXX-VIII-C” por “LXX-CVIII”: p. XXXIV, n.1), un problema que afecta especialmente a la ortografía del español: el libro de J. Mangas y D. Plácido está escrito La península ibérica preromana da Eforo a Eustacio, en lugar de … prerromana de Éforo a Eustacio (p. XLV; p. 207, XXXIII); faltan las tildes en Geografia y etnografia antiguas de la peninsula ibérica de Shulten (p. 165, XVII, 2); en cambio, lleva acento gráfico la revista Hesperia (Hespería: p. 183, XXIV, 3). Los errores se acumulan en el apellido “Velasquez” por “Velázquez” (p. 208, XXXIII, 1) y, en una ocasión, vuelven inidentificable al autor e incomprensibles, los títulos: “J.M. Comacho Rojo, «En bino a Diodoro de Sicilia y su concepcíon moralisante de la historia», siendo lo correcto “J. M. Camacho Rojo, «En torno a Diodoro de Sicilia y su concepción moralizante de la historia»; «Atitudes del hombre fiente a la Τύχη en la Biblioteca Histórica de Diodoro de Sicilia» por «Actitudes… frente … Biblioteca Histórica…» (p. 170, XX, 4).

En resumen, el volumen nos ofrece un texto griego revisado, una traducción sin apoyos de lectura, una introducción general correcta y sucinta, un comentario muy completo, útil y actualizado, pero la incuria editorial desmerece la trayectoria y el prestigio de Les Belles Lettres.


Notes:


1.   Esta reseña se enmarca en el Proyecto de Investigación FFI2014-52203-P, subvencionado por el MINECO. Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia.
2.   Al volumen V, aquí comentado, le antecedieron los siguientes: VII. Livre XII (M. Casevitz, 1972); XIV. Livre XIX (F. Bizière, 1975); XII. Livre XVII (P. Goukowsky, 1976); Tome X. Livre XV (C. Vial, 1977); XIII. Livre XVIII (P. Goukowsky, 1978); III. Livre III (B. Bommelaer, 1989); I. Introduction générale. Livre I (F. Chamoux, P. Bertrac, Y. Vernière, 1993); IX. Livre XIV (M. Bonnet, E. R. Bennett, 1997); VI. Livre XI (J. Haillet, 2001); II. Livre II (B. Eck, 2003); Fragments, II: Livres XXI-XXVI (P. Goukowsky, 2006); Fragments, I. Livres VI-X (A. Cohen-Skalli, 2012); Fragments, III. Livres XXVII-XXXII (P. Goukowsky, 2012); Fragments, IV. Livres XXXIII-XL (P. Goukowsky, 2014). El catálogo de Les Belles Lettres recoge la publicación del tomo XI. Livre XVI (D. Gaillard - Goukowsky, P. Goukowsky, 2016). ​

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