BMCR 2020.01.21

Au service de l’honneur. Les appariteurs de magistrats romains. Mondes Anciens, 7

Jean-Michel David, Au service de l’honneur. Les appariteurs de magistrats romains. Mondes Anciens, 7. Paris: Les Belles Lettres, 2019. 361; 7 p. of plates. ISBN 9782251448947 €33.00 (pb).

Jean-Michel David, profesor emérito de Historia romana de la Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, que ha trabajado largamente en torno a los tiempos republicanos, publicando importantes estudios relativos a las conductas sociales y a la memoria colectiva, presenta una interesante obra que aborda los apparitores, los asalariados ciudadanos que acompañan a los magistrados romanos, atestiguados desde el siglo IV a.C. hasta el III d.C. Se trata de un volumen que encaja perfectamente con la colección francesa Mondes Anciens de la editorial Les Belles Lettres, que coordina el mismo David junto con François de Polignac, y que busca refrescar el conocimiento historiográfico de la Antigüedad con monografías sugerentes, como ocurre con las obras de Yann Berthelet, Gouverner avec les dieux (2015), o la de François Cadiou, L’Armée imaginaire (2018), entre otras muchas.

Au Service de l’honneur se divide en nueve capítulos, a los que hay que añadir una breve introducción, un corto epílogo, y un largo anexo que recoge la totalidad de las referencias a los apparitores dentro del corpus epigráfico, lo que permite a la obra ir más allá de ser una simple síntesis sobre la problemática. Asimismo, una serie de ilustraciones y los ya habituales apéndices de personas y fuentes cierran la monografía. De este modo, el objetivo principal de la obra de David consiste en determinar la posición que ocupan los apparitores dentro de la sociedad romana de la República y del Alto Imperio, especialmente porque se trata de personas libres y ciudadanos romanos (p. 12), y por tanto no esclavos. Para ello, el autor analiza sus competencias y su definición en relación con el ejercicio de poder romano, así como también evalúa los métodos de reclutamiento y el grado de independencia frente a los magistrados, sin olvidar su evolución histórica (pp. 12-13). En el fondo se trata de sintetizar en una monografía las principales respuestas (y también problemáticas) que tenemos en relación a los apparitores, unas figuras habitualmente olvidadas en los estudios historiográficos de los últimos años. El mayor de los desafíos, como se verá, estriba en el hecho de que los casos concretos que disponemos son escasos (pp. 13-14).

En el primer capítulo, titulado Le corps du magistrat, David realiza una rápida síntesis sobre su significado, dejando sobre la mesa una idea constante: la figura de los apparitores es consustancial a la misma definición de la magistratura, de modo que su presencia evita cualquier duda respecto a la legitimidad del ejercicio de su poder. Sin apparitores, de facto, no existe magistrado (pp. 17-18). Por tanto, el rasgo más evidente de los apparitores es su capacidad simbólica y visual (p. 20), subrayando especialmente su vestimenta (p. 25), con el fin de asegurar y ejecutar las decisiones que nacen de la capacidad del magistrado (p. 23). La importancia de los apparitores es, al final, y en opinión de David, la traducción visible y física de lo abstracto de los conceptos de imperium o potestas (p. 29). De este modo, este primer capítulo es del todo sugerente y supone un punto de referencia para cualquier acercamiento a la figura de los apparitores.

El segundo capítulo analiza desde un punto de vista más tradicional las funciones y los roles de cada uno de los diferentes apparitores. Así, David se explaya en las explicaciones y en el origen histórico de cada una de ellas: lictores, viatores, accensi, heraldos y escribas. De los famosísimos lictores nos quedamos, por ejemplo, con el hecho de que cualquiera de sus actos posee una enorme sensibilidad, en cuanto es la expresión directa de la voluntad del magistrado (p. 37), siendo “des instruments humains de l’exercice de son pouvoir par le magistrat” (p. 40). El resto de las explicaciones buscan matizar el rol del resto de apparitores, como el de los escribas, cuyo cargo supondría asumir toda la función pública relativa a la contabilidad, entre otros muchos atributos (p. 61). En realidad, la conclusión que aporta David es lógica: la etiqueta de los apparitores es muy diversa, y los cargos que se esconden tras ella suponen un grado de prestigio e independencia muy variado. En cualquier caso, son esenciales para el correcto funcionamiento de las magistraturas y, en realidad, de la gestión estatal (p. 66).

Los capítulos tercero y cuarto abordan todo el engranaje de reclutamiento, como ocurre con el sistema de las decurias, un complejo sistema de organización en corporaciones, y con el propio de los ordines. Si bien en las páginas anteriores nos encontrábamos con explicaciones sugerentes y fáciles de seguir para cualquier interesado, que no necesariamente especialista, estas abordan explicaciones más complejas y técnicas, de modo que creemos que la obra pierde un cierto grado de dinamismo. De hecho, las explicaciones van siempre acompañadas de numerosos ejemplos, especialmente epigráficos, un hecho que aporta rigurosidad, pero está claro que pierde efectividad explicativa y, por tanto, interés. Ello lleva a que, en general, el aparato crítico quede dirigido hacia las fuentes primarias y no tanto a las secundarias, que en ocasiones quedan bastante reducidas. En realidad, observamos las dificultades y la falta de respuestas constantes en relación a estas problemáticas (p. 112), que se agudizan por la evolución natural del complejo sistema de las decurias.

Más interesante resulta el capítulo cinco, titulado Origines et positions sociales, que vuelve a dejar las explicaciones más complejas a un lado. Así, se sintetiza acerca de los sistemas de reclutamiento, pero de un modo no tan complejo (p. 127). Los ejemplos, eso sí, son constantes y podemos conocer de primera mano de dónde salen los datos de los que disponemos. Ciertamente, esta monografía quiere crear un punto de referencia para estas problemáticas, aunque ello suponga sumergirse en la complejidad. En cualquier caso, conviene destacar una idea que David subraya a lo largo del capítulo: la notable diferencia existente en el origen de ciertos apparitores, como los escribas, que disfrutan de cierta autonomía, respecto a los lictores, viatores o librarii, que no la tienen y requieren de la protección de un senador. Observamos la íntima conexión entre las relaciones personales y las instituciones (p. 146), que nos lleva directamente al capítulo seis, que aborda de un modo global esta interconexión entre la ciudadanía y, en definitiva, la aristocracia.

Más adelante, los capítulos siete, ocho y nueve, abordan con más profundidad muchas de las ideas comentadas. Toda esta parte de la monografía analiza las particularidades de cada uno de los apparitores, completando las explicaciones con numerosísimos ejemplos, probablemente un elemento de rigurosidad, pero que supone una vez más perder en dinamismo. Por último, David añade un breve epílogo, titulado Les appariteurs, témoins de l’histoire de Rome. En este punto de la lectura, el autor recupera muchas de las ideas sugerentes de los primeros capítulos, extrayendo interesantes conclusiones. Ciertamente, los apparitores no son más que la visualización empírica de la lógica de gobernabilidad de Roma (p. 248). A su vez, David desarrolla muchas consideraciones que, debido a los enormes tecnicismos de los capítulos anteriores, han podido pasar desapercibidas, como la tensión existente como resultado de la dependencia clientelar, o el problema de encontrar personal competente que a la vez sea leal (p. 249-250). De hecho, los apparitores reflejan un cierto grado de participación de la ciudadanía en las instituciones romanas, aunque evitándose el término de democratización, porque el sistema continúa poseyendo fuertes elementos aristocráticos (y oligárquicos). En el fondo, se observa una cierta invisibilización del ciudadano corriente en nuestras fuentes, pero que, en cualquier caso, podemos acabar encontrando, tal y como queda patente en el anexo epigráfico recogido.

En resumen, Au service de l’honneur cumple con su cometido, y creemos que se alza como una monografía de referencia para analizar todas las problemáticas relacionadas con los apparitores. Sin embargo, la enorme dificultad por encontrar respuestas al respecto, como puede observarse con la dependencia hacia la fuente epigráfica—o es baladí el enorme anexo que David incorpora—, hace que la lectura se tope con constantes obstáculos y tecnicismos. Creemos que ello ensombrece la misión divulgativa que, probablemente, también busca la colección Mondes Anciens. Sin embargo, es cierto que subraya la difícil tarea del investigador y lo complejo de extraer conclusiones rigurosas. Por todo ello, el libro de Jean-Michel David es del todo recomendable, aunque si tenemos que valorar una parte en concreto, nos quedaríamos sin duda con las poco más de sesenta páginas iniciales, que consiguen hacer visible la esencialidad de los apparitores en el funcionamiento del Estado romano.