BMCR 2010.06.28

The Play of Texts and Fragments: Essays in Honour of Martin Cropp. Mnemosyne Supplements 314

, , The Play of Texts and Fragments: Essays in Honour of Martin Cropp.. Mnemosyne Supplements 314. Leiden/Boston: Brill, 2009. viii, 580. ISBN 9789004174733. $225.00.

Table of Contents

Este libro está concebido como un Festschrift en honor de Martin Cropp, distinguido especialista en Eurípides y editor de Electra e Ifigenia entre los Tauros (Warminster 1988 y 2000), coeditor de los fragmentos euripideos (Cambridge Mass. 2008), y comentarista de fragmentos selectos de Eurípides (Warminster 1995, Oxford 2004). Dicho Festschrift aspira a ser obra de consulta obligada en lo tocante a Eurípides. Treinta y dos nombres muy bien conocidos conforman la nómina de contribuyentes a este libro.1 Pese a la gran variedad y número de las aportaciones, el volumen es, salvo algunas excepciones, de bastante coherencia temática. Particularmente valiosa me parece la atención dedicada a uno de los ‘parientes pobres’ en el estudio de la tragedia griega, el drama fragmentario.

El volumen se subdivide en los siguientes apartados: (1) una amena semblanza a cargo de William Slater de la vida académica y la obra de M. Cropp (pp. 3-8); (2) Euripides and His Fragmentary Plays (pp. 11-91); (3) Euripides and His Extant Plays (pp. 94-217); (4) Euripides and His Context (pp. 221-305); (5) Aeschylus and Sophocles (pp. 309-368); (6) Euripides and His Influence (p. 371-457). Se añade un apéndice a la contribución de D. J. Mastronarde (p. 461-496), una exhaustiva bibliografía de la obra M. Cropp, y sendos índices de lugares y nombres. Por cuestiones de limitación de espacio me centro exclusivamente en las diez contribuciones relativas a la tragedia que estimo indispensables: no debe concluirse de ello que las omitidas sean insignificantes o ayunas de calidad. Animo calurosamente a los lectores a consultar el índice de contenidos citado al comienzo de esta reseña para obtener una visión global de la gran envergadura de este volumen y la enjundia de su nómina de contribuyentes.

“The Persuasions of Philoctetes” de Ruth Scodel descubre la presencia de temas políticos que (literalmente) brillan por su ausencia en esa tragedia de Sófocles, recurriendo a la intertextualidad (p. 49). La autora compara el drama con las versiones de Equilo y Eurípides y concluye que Sófocles sustituye la preocupación política por cuestiones más básicas sobre el valor en sí de la participación en la vida política. Es posible que por la naturaleza del argumento del drama el público esperara alusiones a asuntos contemporáneos como Alcibíades y el golpe oligárquico, pero la negativa de Sófocles a tratarlos directamente resulta significativa: hay cuestiones más fundamentales de los que ocuparse, como la corrupción del mundo político que considera a las personas como simples medios para un fin, o la cuestión de si es posible participar en la vida política de una forma ética (pp. 60-61). El trabajo de R. Scodel es, como cabe esperar de esta estudiosa, a mi juicio muy necesario para la tarea de enjuiciar el espinoso problema de las posibles valencias políticas del drama ateniense.

“The Lost Phoenissae : an Experiment in Reconstruction from Fragments” de Donald J. Mastronarde es sin duda uno de los puntos fuertes del volumen. Propone un experimento de lo más interesante. Supongamos que Fenicias de Eurípides no se hubiera conservado: qué aspecto tendría dicha tragedia si la reconstruyéramos a través de los fragmentos, testimonios y citas transmitidos indirectamente o por papiros, con el auxilio de la iconografía y otros medios indirectos? El autor lleva a cabo dos reconstrucciones distintas: poniéndose en la situación de un editor que trabajara antes del descubrimiento de los papiros y del valor de la iconografía para la reconstrucción de los dramas fragmentarios, y en el papel de un editor posterior, cuando ya es posible servirse de ambos medios auxiliares (p. 63). Mastronarde concluye que en ambos casos se sabría bastante de esta hipotética Fenicias perdida: la reconstrucción del argumento, personajes y episodios principales estarían al alcance del estudioso. Por el otro lado, las variaciones estilísticas, el tono, la ironía, las correspondencias y los motivos resultarían indetectables (p. 76). Este capítulo es una de las piezas más originales, imaginativas y estimulantes que he leído en los últimos años, y debería ser lectura obligada para todo aquel interesado en la reconstrucción del drama fragmentario. Recomiendo vivamente el examen de los ‘fragmentos’ y ‘testimonios’ incluidos en el apéndice de este extraordinario capítulo (p. 461-496).

“New Music’s Gallery of Images: The ‘Dithyrambic’ First Stasimon of Euripides’ Electra” de Eric Csapo continúa la serie de fundamentales trabajos que este estudioso dedica a la Nueva Música. Basándose en una comparación con la técnica narrativa general de las metopas en el friso, C. propone que el primer estásimo de Electra de Eurípides presenta detalles aislados de una narrativa cíclica que el espectador debe reconocer y conectar. Las imágenes están vinculadas entre sí y con el drama a través de motivos, temática e imaginería (p. 95-6). La Nueva Música trata de crear una poesía más musical con un lenguaje más sensual y fluido (p. 96). El nuevo ditirambo, por tanto, no ofrece narrativa estructurada mediante conexiones lógicas, sino una arquitectura musical con una galería de imágenes que funcionan a través de la repetición y variación de tonalidad. La hipótesis del autor me resulta atractiva porque clarifica y revela los aspectos menos conocidos y más sutiles de la técnica compositiva de Eurípides, y por tanto ayuda a resolver problemas de estructura y relevancia dramática planteados por este tipo de estásimos habitualmente considerados como inconexos. Aun así, me surge una duda ante una cuestión práctica: sería posible que el público original aprehendiera matices tan lábiles y delicados sin el apoyo de un texto escrito que seguir y releer?2 A qué tipo de público estaría entonces dirigida la técnica de composición de este tipo de estásimos?

“Sophocles’ Chryses and the Date of Iphigenia in Tauris” de C.W. Marshall es, por su revisión de los argumentos para la datación métrica de los dramas de Eurípides, otro de los capítulos indispensables de este volumen. El autor ofrece tres argumentos para datar Ifigenia entre los Tauros entre 419/3 y no 414/3 (p. 143). En primer lugar, la evidencia métrica. Tras analizar los datos, concluye que no hay razones de orden métrico para restringir la fecha de representación a los años 414/3, sino que puede ampliarse a 419/3 (p. 145). En segundo lugar, estudia la cita paratrágica de Crises de Sófocles en Aves de Aristófanes. M. concluye que Crises es posterior a Aves, y que es Crises la que cita del pasaje paratrágico de Aristófanes, no al contrario (p. 145-149). En tercer lugar, M. sostiene que Ifigenia entre los Tauros fue estrenada antes que Crises. Esta última obra mantiene un diálogo intertextual con Ifigenia entre los Tauros, a modo de secuela crítica del drama euripideo (p. 154). Su conclusión final es que Crises debe datarse después de 414 y debe ponerse en relación con otras dos obras que parecen responder a Eurípides, Electra (ca. 412) y Filoctetes (409) (p. 155). Ifigenia entre los Tauros demuestra que el escapismo de las llamadas tragedias románticas de Eurípides no es, como comúnmente se cree, una reacción a la expedición ateniense a Sicilia (p. 155). Con respecto a su segundo argumento, el autor argumenta con fuerza y elegancia en favor de su hipótesis, pero su conclusión no me resulta convincente: no sabemos si Crises era un drama satírico o no, y, además, basar parte del peso de su hipótesis en la posibilidad de que Sófocles citara directamente de una comedia, sin aducir ningún paralelo en Sófocles de dicha práctica,3 me parece arriesgado.

“Euripides’ New Song: the First Stasimon of Trojan Women” de David Sansone demuestra que el primer estásimo de Troyanas pertenece a la categoría de Nueva Música pero no es un mero embolimon (p. 202), sino que incorpora e integra dos géneros, la poesía épica y su sucesor (p. 194), el género trágico. El género épico es representado por la Ilíada, que suministra el material narrativo de Troyanas y a cuyos cantos II y XXIV alude el estásimo euripideo, mientras que la tragedia aporta la revitalización no tanto de del canto coral arcaico cuanto de la vieja forma trágica de las trilogías conectadas, con la Aquileida esquilea como posible modelo (p. 202-3). El habitual ingenio y la erudición de Sansone brillan en toda la contribución, y la lectura de este capítulo, en comandita con el de E. Csapo, es una salutífera demostración de que ya no es posible describir ciertos estásimos euripideos como meros interludios líricos.

“Euripides, Electra 432-486 and Iphigenia in Tauris 827-899″ de Charles Willink es una bienvenida incursión en la crítica textual que varía la tónica general de estudios con un enfoque fundamentalmente literario. W., uno de los más reconocidos críticos textuales actuales de la tragedia griega y autor del comentario de referencia de Orestes (Oxford 1986), ofrece notas críticas sobre el texto de Electra e Ifigenia entre los Tauros que ningún interesado en la crítica textual de ambos dramas puede permitirse ignorar.

“Rhesus: Myth and Iconography” de Vayos Liapis estudia las fuentes literarias en las que se basa el Reso transmitido como euripideo y descubre trazas de una versión pindárica, posiblemente de origen cíclico, en los escolios iliádicos, así como restos de una versión fundada en un oráculo presente en Virgilio. Ambas versiones, postula, son incompatibles entre sí y con la Dolonía iliádica (p. 281); el autor de Reso ha tratado de armonizarlas sin demasiada pericia (p. 281). Asimismo, ve como fuente de Reso la figura de Aquiles en la Etiópida (el poema épico más que la trilogía esquilea) (p. 286), con Reso como una especie de anti-Aquiles o nuevo Aquiles (p. 283). Examina también tres pinturas vasculares datadas entre 360 y 340 a.C. que pueden reflejar la representación de Reso o una tragedia muy semejante a ella (pp. 286-289).

“The Setting of the Prologue of Sophocles’ Antigone” de John Porter examina el prólogo de Antígona a la luz de la hipótesis de la trágicamente desaparecida Christiane Sourvinou-Inwood de que dicho prólogo, al presentar a Antígona negativamente como una conspiradora nocturna, desposee a la heroína desde el principio de las simpatías de los espectadores. El autor analiza las expresiones con las que Sófocles determina el tiempo en el que transcurre la obra y concluye que el prólogo no tiene lugar ni de noche ni rayando el alba (p. 341), y que la evaluación del público original no dependería de nociones apriorísticas sobre el juicio que merecen unas mujeres que abandonan el oikos (p. 393), sino de lo que vieron y oyeron en el diálogo entre Antígona e Ismene en Ant. 21 sqq.. Si Sófocles hubiera considerado el carácter nocturno de la escena un dato dramáticamente significativo, no se habría conformado con esconderlo en pequeñas y ambiguas referencias temporales. Me parece muy acertada la insistencia del autor en el valor de las convenciones escénicas y dramáticas y en el hecho de que un drama es sobre todo una representación y no una novela que pueda ser releída; por ello no es verosímil postular que información imprescindible para la comprensión de la obra se esconda en las esquinas del drama.4

“The Role of Apollo in Oedipus Tyrannus” de David Kovacs parte del análisis clásico de E. R. Dodds sobre la teodicea de Edipo Rey (“On Misunderstanding the Oedipus Rex”, Greece and Rome 13, 37-49) y busca armonizar dos respuestas aparentemente contradictorias al problema metafísico de fondo de esta tragedia: “Edipo no es una marioneta en manos de los dioses” frente a “Apolo lo induce al parricidio y el incesto” (p. 359). Todas las acciones de Edipo son libres, pero como Apolo sabe más que Edipo y divulga y censura información a voluntad, Apolo consigue con facilidad su propósito (p. 360): el dios da a Edipo la información necesaria para que abandone Corinto sabiendo que se encontrará con Layo si tal hace, y conociendo el carácter de ambos, es consciente de que el resultado natural de tal encuentro será el parricidio (p. 361). La segunda tesis de K. es que la mano de Apolo continúa visible en el transcurso del drama (p. 363): Apolo, como hizo en el pasado, ha guiado a Edipo hasta el resultado que había predicho Tiresias (p. 366). Cuáles son los motivos de la inquina de Apolo? K. propone que según la tradición esquilea Apolo odia a la raza de Layo y busca aniquilarla: por tanto, Edipo merece el resentimiento de Apolo no por sí mismo, sino por ser hijo de Layo (p. 367). Desde el punto de vista de las actitudes tradicionales griegas sobre la venganza, la posición de Apolo no sería ni inmoral ni injusta (p. 368).

En suma, este Festschrift cumple el objetivo propuesto, que es el de convertirse en referencia necesaria para todo aquel interesado en Eurípides y en la tragedia clásica; sus integrantes son una parte fundamental del “who’s who” de estudiosos euripideos.5 Éste es, por vocación y resultado, un volumen destinado a ser manejado con provecho por filólogos clásicos de todos los países: ante esta premisa, la nómina de contribuyentes da la impresión de estar demasiado escorada hacia el mundo anglófono: son todos los que están, pero no están todos los que son.

Notes

1. Muchos de ellos ya habían sido colaboradores del honorando en el volumen coeditado por Martin Cropp, David Sansone y el lamentado Kevin Lee, Euripides and Tragic Theatre in the Late Fifth Century ( ICS 24-25, 1999-2000).

2. Cf. O. Taplin, The Stagecraft of Aeschylus. The Dramatic Use of Exits and Entrances in Greek Tragedy, Oxford 1977, 15-18.

3. M. sí aduce ejemplos de lo que, siguiendo a E. Sharffenberger, llama paracomedia en Eurípides (p. 148-149).

4. O. Taplin, The Stagecraft of Aeschylus. The Dramatic Use of Exits and Entrances in Greek Tragedy, Oxford 1977, 18.

5. Como afirma el blurb de la página web de Brill: “an international ‘who’s who’ of Euripidean studies and Athenian drama”, http://www.brill.nl/product_id33499.htm.